Aquí está el peque de la casa, que no me deja ni a sol ni a sombra. Yo estaba mala ese día y el gato, en lugar de dejarme descansar tranquilamente en mi sofá [ya le haría yo mimos después: más tarde], decidió venirse a mi lado para ver qué me pasaba que no le hacía caso.
No, si al final, es más cariñoso [más aún!!] de lo que ya hemos visto en casa que es. Pobrecillo, qué bueno es! Sí que se merece las latitas de paté de atún que tanto le gustan.
Un besito, Zacariqui.
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